¿Qué tal llevas los propósitos de año nuevo? Espero que bien. Y si no es así, no pasa nada: no es grave.
En este artículo voy a explicar cinco pasos para transformar los propósitos de año nuevo en objetivos reales y, así, facilitar que podamos avanzar en ellos sin frustración. Los objetivos son como una escalera: no se sube de golpe, sino peldaño a peldaño.
Cuando llega el año nuevo, muchas veces tratamos los propósitos como deseos que “nunca se cumplen”. Eso hace que nos cueste definirlos y, todavía más, trabajar de verdad en ellos. Es comprensible: resulta frustrante proponerse cosas que, una y otra vez, no salen como esperábamos.
La buena noticia es que existen pasos y técnicas sencillas que pueden ayudarnos a cambiar esta dinámica.
Cinco pasos para conseguir los propósitos de año nuevo
1. Establecer el para qué
Ir al gimnasio o aprender inglés rara vez son metas en sí mismas. Normalmente, queremos hacerlo para conseguir algo más.
Por eso, conviene identificar varias razones de lo que hay detrás de cada propósito. Suelen aparecer dos tipos de motivación:
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lo que queremos evitar (no sentirnos bien con nuestro cuerpo, pasarlo mal en reuniones),
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y lo que queremos conseguir (sentirnos con más energía, optar a un ascenso).
Tener claro este para qué nos ayuda a mantener la motivación, especialmente cuando aparecen las dificultades. Es importante prestar atención a la motivación en positivo, a lo que sí queremos lograr. Cuando nos centramos solo en evitar algo, es fácil que aparezcan ansiedad o sensación de fracaso, que no suelen ayudarnos a sostener nuevos hábitos.
En resumen, el para qué es tan importante como el propio objetivo. Y si además quieres definirlo de manera SMART, puedes consultar este otro artículo.
2. Definir distintas acciones para conseguirlo
Disponer de alternativas nos facilita persistir cuando algo se complica.
Ir al gimnasio, por ejemplo, puede ser solo una de las acciones posibles, pero no el objetivo en sí. Conviene pensar en otras opciones: ir a la piscina, practicar yoga con vídeos de YouTube, quedar a caminar con alguien por las tardes…
De este modo, si surge una dificultad —no poder pagar la cuota un mes o no llegar a tiempo a nuestra clase favorita—, será más fácil adaptarnos sin abandonar. Recordar que tenemos opciones nos ayuda a mantener la motivación.
3. Regla de los dos minutos
Incorporar un nuevo hábito no siempre es fácil. Una de las mayores dificultades está en ponerse en marcha: salir del piloto automático y vencer la pereza asociada a todo lo que “hay que hacer” antes de empezar.
Preparar la ropa deportiva, la bolsa, la toalla, el neceser… a veces, cuando por fin lo tenemos todo listo, ya no nos queda ni tiempo ni energía para ir a entrenar.

La regla de los dos minutos nos recuerda algo clave: necesitamos tener a mano lo que hace posible el hábito. Si desde que pienso en hacerlo hasta que empiezo necesito menos de dos minutos, las probabilidades de que realice la actividad aumentan mucho.
Esto implica preparar con antelación la equipación, saber qué vídeo voy a poner o qué material quiero usar. Cuanto menos esfuerzo previo requiera en el momento, más fácil será empezar.
4. Gestión de las expectativas
Durante los primeros días, el éxito consiste simplemente en hacerlo. Más adelante, ya podremos exigirnos más.
Con frecuencia nos frustramos porque, el día que por fin empezamos, no nos sale todo como habíamos imaginado. No tenemos la forma física que esperábamos, necesitamos más tiempo del previsto o nos duele todo al día siguiente. Entonces pensamos que no sirve de nada… y abandonamos.
Sin embargo, el objetivo inicial no es hacerlo perfecto, sino empezar. Aunque sea menos tiempo del planeado o aunque no salga como queríamos, ese rato ya nos permite avanzar en:
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descubrir cuál es el mejor momento del día,
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dejar preparado el material (regla de los dos minutos),
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empezar poco a poco a mejorar habilidades,
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encontrar qué parte nos resulta más agradable o qué alternativa es más sostenible.
Cuando iniciamos una nueva actividad, gran parte del éxito está en no abandonar. Avanzar poco a poco, aunque parezca más lento, suele ser mucho más eficaz.

5. Revisión de lo conseguido
Para que un objetivo se sostenga, es importante establecer momentos de revisión. Al principio, conviene que sean frecuentes (una o dos veces por semana). Más adelante, pueden espaciarse.
En estas revisiones podemos preguntarnos:
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qué hemos hecho,
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qué ha sido fácil,
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qué hemos conseguido,
-
qué nos ha costado más y por qué,
-
qué ajustes podemos hacer.
No se trata de un análisis exhaustivo, sino de dedicar unos minutos a reflexionar y reajustar. Programar estas revisiones —incluso agendarlas— ayuda a que el propósito no se pierda entre las tareas del día a día.
Mi experiencia personal
Si soy honesta, el cuarto paso es el que más me cuesta. Durante años me ha pasado con la piscina en verano.
Me encanta ir a la piscina a echar la tarde: nadar, leer, dormitar a la sombra en el césped… Pero me resulta difícil dejar una tarde libre. Y si voy menos tiempo, siento que “no merece la pena”. Así van pasando las semanas, entre el calor, el mal tiempo o los huecos imperfectos.
Y cuando por fin consigo ir una tarde entera, me ocurre lo impensable: me dejo las chanclas, la crema solar o las gafas. Adiós a la tarde fantástica que tenía en mi mente.
Con el tiempo he aprendido que, para llegar antes a ese día perfecto, necesito ir el primer día que pueda, aunque solo tenga una hora y no sea ideal. Aunque me falte algo. Porque ese primer día me permite ajustar, preparar y facilitar los siguientes.
Desde que hago esto, consigo ir muchas más veces y disfrutar mucho más de la piscina.

Conclusión y celebración
Por último, algo fundamental: celebrar lo que sí hacemos. Como ya comentaba en otro artículo sobre errores frecuentes al establecer objetivos, debemos felicitarnos por cada paso que damos.
Los momentos de revisión son ideales para reconocer el esfuerzo dedicado. Al principio, el éxito es simplemente ponerse. Y eso ya tiene mucho valor.
Habrá semanas en las que no lo consigamos. Entonces tocará revisar, ajustar y recordar que crear nuevos hábitos lleva tiempo y requiere varios intentos.
Y celebrar es importante porque sabemos que no siempre lo hemos logrado. Algunos propósitos nos acompañan desde hace años. Si este mes aprendemos a hacerlo de otra manera, merece la pena reconocerlo.
En resumen, crear nuevos hábitos no siempre es fácil, pero cada pequeño paso cuenta. Celebra tus avances y aprende de lo que no sale perfecto.
¿Qué hábito o propósito vas a retomar este año? Cuéntamelo en los comentarios, me encantará leerte y compartir estrategias que funcionan.
Y si todavía no lo tienes claro, esta lista original que ha elaborado una escuela de negocios, te puede dar ideas.

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